martes, 23 de mayo de 2017

Verdadera paz.

El soldado Taylor era el más joven de su escuadrón. Se alistó por que realmente no encontró nada mejor. Ahora tan alejado de su tierra y cercano al campo de batalla hubiese preferido cualquier otra cosa.
Se encontraba caminando un sendero arenoso en una zona desértica de Oriente Medio. De su frente caía una lenta corriente de sudor y notaba en la garganta un picor incómodo causado por el polvo del ambiente. Su uniforme daba demasiado calor para ir de exploración bajo el sol de medio día pero le habían preparado para ser capaz de sufrir todo tipo de fatigas y mantenía el paso.
Según decían llevaban a cabo una importante misión de alta estrategia militar, él no conocía los detalles. Sólo caminaba y acataba las órdenes. Mientras tanto pensaba en cuanto anhelaba a su familia, a sus padres, y mataba las horas recordando su pasado con la triste sensación de apreciar hoy los momentos que ayer dejó correr y soñando con volver a casa. Seguir conociendo a aquella chica, invitarla a bailar aunque antes jamás lo hubiera hecho. Mirarla a los ojos como nunca lo hizo. Decirle por fin que la ama.
Pensando no pudo evitar acordarse de los errores de sus padres, de los de algunos amigos, de algunos familiares pero está vez los perdonó a todos. Dejó de haber en él rencor o odio. Quiso abrazarlos.
Recordó a su madre. Vio en su imagen y en sus ojos la mirada de amor incondicional que se le regala a un hijo querido. Los echó de menos y se llenó de amor colmándose de calma. Siguió caminando provisto de una lúcida tranquilidad con sigo mismo y con el mundo, relajándose hasta sentirse en completa armonía y paz. Fue entonces cuando de pronto relampaguearon varios disparos entre la polvareda, ésta se levantó formando a su alrededor una nube. Todos se dieron un susto. Se escucharon gritos. - Me han dado!- Fuego enemigo!- el grupo entro comenzó a apuntar alrededor pero él se quedó quieto, inmóvil. Vio varias sombras acercarse pero apenas distinguía la escena. Una de ellas quedó frente a él. Era un joven, portaba un fusil. Taylor aún no había borrado la imagen de se madre y portaba en sus ojos la presencia de sus familiares, aún acompañándolo, sonriéndole. Sonaron dos disparos y calló al suelo aún sintiendo aquella profunda y majestuosa paz.

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